sabanas polares

No pudo más, sus piernas se quebraron, y avanzó el espacio que quedaba hasta una silla vacía arrastrándose sobre sus rodillas vacilantes. Temblaron sus manos, sudó su frente, languideció su cuello y fallaron sus rodillas hasta que éstas, inermes, golperon secamente contra el duro y frío enlosado de la estancia. A diferencia de las sábanas […]